Joaquín Bustamante
Leandro Álvarez
Martín Sandaña
Siomara Rojas

Estudiantes de Cine, Universidad Viña del Mar

Publicada el 23-12-2024

Reseñas Cine Club UVM

Durante el segundo semestre de este año, el Cine Club de la carrera de Cine de la Universidad Viña del Mar realizó diversas jornadas itinerantes, recorriendo ciudades como Quillota, San Antonio, Valparaíso, Calle Larga y Santa María. En conjunto con el Festival de Cine Recobrado se proyectaron algunas películas de importancia histórica y patrimonial para nuestra cinematografía, todo en formato fílmico.

 

A continuación, les presentamos las reseñas de dichas películas, realizadas por los integrantes del Cine Club, quienes son estudiantes de la UVM.

 

RESEÑA: “CRÓNICA DE UNA VICTORIA” (1971), por Joaquín Bustamante

 

Crónica de una Victoria (1971) de Sergio Riesenberg es un documental que plasma en celuloide una tensión histórica gigante: las elecciones de 1970. Protagonizadas por Salvador Allende (PS-UP), Jorge Alessandri (Independiente) y Radomiro Tomic (DC), fue un punto de inflexión en el siglo 20; un momento donde la decisión a tomar iba a cambiar el país entero. La película registra diversos aspectos de este evento, desde el contexto socioeconómico (pobreza, desigualdad y lucha de clases), las campañas y sus diferentes estilos, para apreciar a que sectores e ideas apelaban, y cierra con la victoria de Allende, seguida de entrevistas y discursos.

 

Si bien el ojo no atento puede ver esta obra como un mero registro histórico, Riesenberg lleva a este documental al siguiente nivel, empleando una mirada más poética para abordar las facetas de este momento de nuestro país; sí, emplea una voz en off convencional, pero ese discurso se ve respaldado por un interesante juego de imágenes, que generan una comprensión del ambiente en Chile de una manera que el texto no ahonda. Durante la descripción de los candidatos, el montaje no selecciona ni una imagen al azar; todas representan al candidato a describir mientras se habla de Allende, vemos al obrero, al campesino, las huelgas: acción popular. Alessandri se contrapone inmediatamente seguido con imágenes de bancos, negocios y personas de terno. Es decir, las sensibilidades electorales de cada candidato se reflejan en los rostros que representan, visibles en la pantalla. Incluso, hay un melancólico segmento musicalizado con “Los Momentos”, canción interrumpida en ocasiones por un discurso ultraderechista, ambos acompañados de matizados planos de la desigualdad en Chile; la yuxtaposición audiovisual presente nos comunica todo lo que debemos saber de ese “momento” del país.

 

Ya para la elección de Allende, podemos apreciar un cambio tonal, más solemne, que en retrospectiva histórica da la impresión de un ambiente tenso, una falsa calma antes de la tormenta. La escena musicalizada termina con un cementerio, seguido por una entrevista con Allende, donde este mismo admite que sabe quién lo va a traicionar. El cementerio, los discursos de terror, la consciencia de la traición e incluso los aviones que sobrevuelan Santiago cerca del inicio del documental, le dan a este un toque sombrío y derrotado, es una “crónica de una muerte anunciada”, o así lo recontextualiza la historia; verlo 50 años después del golpe es ver la antesala de una tragedia. Entonces, ya no es “Crónica de una Victoria”, como lo fue en 1971; para 2024, es la crónica de una derrota.

 

RESEÑA: “CHILE, PARALELO 56” (1964), por Martín Sandaña

 

“Chile, paralelo 56” es una película documental del año 1964 dirigida por Rafael Sánchez. Retrata la ardua tarea de mantener operativo el faro situado en el paralelo 56 en las proximidades de Puerto Williams, donde se puede apreciar la extensa flora y fauna de la isla. Visualmente se centra en mostrar la vida y paisajes en el Cabo de Hornos; estas imágenes se complementan con una voz en off, que nos va dando información e historia sobre el lugar y la vida en la zona. Es un documental principalmente informativo, que no busca generar un conflicto dramático o de polos opuestos, sino más bien ofrece una mirada serena y contemplativa sobre la vida en un entorno remoto y desafiante. Su ritmo es pausado y calmo, lo que invita al espectador a sumergirse en la quietud de la región austral de Chile, apreciando la belleza natural de la zona, pero también reconociendo las dificultades inherentes a vivir en ese entorno, transmitiendo una sensación de respeto por la naturaleza y la vida simple pero ardua de las personas que habitan allí.

 

La película fue proyectada en fílmico en el Teatro Municipal de Santa María, con la participación de alumnos escolares, quienes asistieron al visionado y participaron en un conversatorio sobre el documental. Esta proyección no solo ofreció una oportunidad para el disfrute del cine, sino también para reflexionar sobre la importancia de preservar los ecosistemas en regiones tan vulnerables como el extremo sur de Chile. El evento, además, sirvió como un punto de encuentro para la comunidad educativa, promoviendo el interés por el cine documental y por los temas relacionados con la naturaleza y la geografía del país.

 

RESEÑA: “LA CALLE DE LA PAZ” (1917), por Siomara Rojas

 

La calle de la paz (Easy Street, en inglés) es una de las obras más emblemáticas de Charlie Chaplin, tanto por su aguda crítica social como por su maestría en el arte del cine mudo. Estrenada en 1917, esta breve pero poderosa película de 25 minutos se ha convertido en uno de los trabajos más destacados de su época, reflejando las tensiones y las esperanzas de millones de inmigrantes que llegaban a Estados Unidos en la época y trataban de integrarse a la sociedad, tratando de salir de la pobreza y el vicio.

 

La historia, centrada en el personaje de “El Vagabundo” (Chaplin), sigue su travesía como inmigrante, quien lucha por integrarse en una nueva sociedad. El filme se caracteriza por una serie de gags cómicos, que van desde su llegada a la iglesia, pasando por su encuentro con una joven inmigrante, hasta la forma en que intenta ganarse la vida en un entorno hostil como policía. Sin embargo, lo que hace destacar esta película no es solo su humor, sino la forma en que Chaplin aborda de manera sutil pero efectiva temas como la pobreza, la explotación laboral, la justicia y la discriminación.

 

Chaplin, a través de su característico personaje del “vagabundo”, nos presenta una crítica mordaz a la dura realidad de los inmigrantes que buscan una vida mejor en un país lleno de promesas, pero también de injusticias. El contraste entre la ilusión y la cruda realidad se ve reflejado en varias escenas clave: desde la angustia hasta el acto de solidaridad que, en medio de la adversidad, permite al personaje de Chaplin encontrar algo de esperanza en una sociedad aparentemente indiferente.

 

Uno de los elementos más potentes de La calle de la paz es cómo Chaplin utiliza el humor para tratar temas serios. El cine mudo, con sus limitaciones, lo obliga a depender de una narrativa visual ingeniosa, llena de gestos y situaciones que comunican mucho más de lo que las palabras podrían transmitir. En particular, las interacciones de Chaplin con la joven inmigrante, interpretada por Edna Purviance, son conmovedoras, sin caer nunca en la cursilería. La capacidad de Chaplin para equilibrar lo cómico y lo humano es lo que da a esta obra su carga emocional.

 

En términos de la dirección y la cinematografía, La calle de la paz también muestra el talento excepcional de Chaplin para crear escenas que, a pesar de su brevedad, están llenas de significado. Desde la apertura de la película, donde el vagabundo parece no tener un lugar en el mundo, hasta el momento final que simboliza la pequeña victoria del espíritu humano frente a la adversidad, cada fotograma es meticulosamente planeado para maximizar el impacto emocional y social.

 

A nivel técnico, la película sigue siendo impresionante a pesar de su antigüedad. La edición fluida, la expresividad de los actores y la creación de atmósferas mediante la escenografía y la iluminación dan cuenta de una época en la que el cine mudo no solo era un medio para contar historias, sino también una forma de reflejar las tensiones sociales y económicas de la época.

 

RESEÑA: “CHILE, PARALELO 56” (1964), por Leandro Álvarez

 

Chile, paralelo 56 es un documental que logra algo fundamental: mostrar realidades que muchas veces permanecen ocultas o pasan desapercibidas. Ambientado en un lugar tan remoto como “el fin del mundo”, este trabajo no solo documenta paisajes impresionantes, sino que también pone el foco en las vidas de quienes habitan y trabajan en esas tierras extremas que se encuentran en el lado sur de nuestro país.

 

Lo que más me impactó fue cómo el documental logró plantearme preguntas sobre aspectos que jamás me había cuestionado. ¿Cómo viven estas personas aisladas del resto del mundo? ¿Qué desafíos enfrentan los marinos que mantienen los faros en funcionamiento, garantizando la seguridad marítima? Estas son historias que, aunque forman parte de nuestra identidad, a menudo ignoramos.

 

En lo personal, el estilo narrativo no termina de convencerme del todo. Sin embargo, debo reconocer que cumple con su propósito: comunicar de forma clara y directa las realidades que presenta. Es funcional y eficaz, lo cual lo hace adecuado para el mensaje que busca transmitir.

 

Un aspecto que me parece invaluable es haber podido grabar a una familia yagana y observar cómo vivían, cómo hablaban y cómo eran en general. Es algo que agradezco profundamente que se haya podido preservar a lo largo del tiempo. Las personas estamos en constante evolución, y tener un registro de estas realidades en los confines australes de Chile durante los años 60 es, sin duda, un tesoro histórico.

 

En el ámbito fotográfico, el documental también ofrece propuestas interesantes. La manera en que muestra el viaje del barco y cómo representa la inmensidad y el misterio de estas tierras lejanas desde una perspectiva exterior resulta visualmente cautivadora. Las imágenes refuerzan esa sensación de aislamiento y desafío que enfrenta cada uno de los protagonistas, conectándonos con lo vasto e inexplorado del territorio.

 

Más allá de sus detalles técnicos, Chile, paralelo 56 tiene un valor atemporal: visibilizar lo invisible, acercarnos a lo lejano y mostrarnos que incluso en los extremos más aislados del mundo hay vidas que tienen algo importante que decir.

 

RESEÑA: “FARO EVANGELISTAS” (1964), por Joaquín Bustamante

 

Presentada en el liceo Pedro Aguirre Cerda, en Calle Larga, “Faro Evangelistas” es un informativo documental del sacerdote cineasta Rafael Sánchez, que nos cuenta todo lo que hay que saber sobre el homónimo faro Evangelistas, ubicado en un remoto rincón de nuestro sur. Filmado en 16 mm y en vistoso color (perdido en la copia digital disponible en línea, pero disponible en la copia vista en esta presentación), “Faro Evangelistas” captura de manera didáctica varias facetas del faro y su islote, tales como las condiciones climáticas, la naturaleza que lo adorna, la historia de la complicada construcción de las instalaciones, y un ejemplo del día a día que vivían sus ocupantes de la armada.

 

La película emplea diferentes métodos para ilustrar sus puntos a exponer, como mapas animados, que nos demuestran lo alejado que se encuentra el faro de tierra firme; filmaciones en Technicolor que, como fue mencionado anteriormente, cuentan con una cámara presente en todo lo que debe ser visto: Su reducido pero agradable espacio vital, en donde duermen en espacios pequeños, almuerzan apretujados, disfrutan del tocar música y de la risa. El cómo hacen funcionar el faro (contando incluso con imágenes de un barco que transita y la interacción de su tripulación con el equipo del faro a través de sus protocolos), los desafíos logísticos de traer recursos al islote (una odisea en sí) e incluso pausan para apreciar la escasa vegetación y fauna que les rodea. Destaco el uso de maquetas a escala con gran detalle, para mostrar de manera clara la topografía de Los Evangelistas, y cómo a raíz de esta se tuvieron que desarrollar creativas soluciones de ingeniería para la construcción del faro, eventos recreados en modelo frente a la cámara para su perfecta comprensión por parte del espectador.

 

La fotografía de Andrés Martorell es clara, concisa y pulcra, y sus composiciones nunca pierden de vista ningún detalle importante dentro de un mismo tiro de cámara, enfoque muy cercano a una producción del mejor cine clásico de su época. La música es de Vivaldi, interpretada por la Orquesta Filarmónica de Chile y dirigida por Enrique Iniesta, le da un toque refinado y digno a la producción, que, en conjunto con el trabajo de cámara, hacen que “Faro de Evangelistas” sea un documental técnicamente impresionante, que no flaquea nunca en su propuesta de enseñar sobre uno de los varios faros ubicados en las regiones más inhóspitas de Chile. Si comparamos “Las Callampas” (1958), del mismo Rafael Sánchez, con “Faro”, se puede apreciar un universo de diferencia en la calidad de realización, demostrando así el dominio del medio que poseía el sacerdote; una clara demostración de su gran aporte a nuestro cine.

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Realizado por Matu Strauss

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