Artículo
Belle de jour: la jerarquía sexual

Carmen Fuentes Güeto


 

Carmen Fuentes. Córdoba, España (1997).

Es actualmente estudiante de Literaturas Comparadas en la Universidad de Granada (2016-2017). También ha estudiado francés en l'Université de Catholique de l'Ouest, Angers. Su especialidad gira en torno al teatro. Es presidenta de la Asociación Juvenil Policromía en Granada.

 

  Belle de jour es una película francesa del director español Luis Buñuel. Fue estrenada en 1967 y está inspirada en la novela de Joseph Kessel del mismo nombre. Como sabemos, Buñuel fue un director surrealista que incluirá en sus películas elementos provenientes del subconsciente, que escarbará en lo más profundo del ser humano para revelar muchas de nuestras manías, de nuestros deseos más ocultos. En este juego surrealista, habrá una confluencia entre realidad y fantasía que producirá un choque en el espectador y que muchas veces le impedirá comprender la totalidad del mensaje, pues no solo el mensaje se hace más complejo, sino que Buñuel también incluye detalles de su propia vida, anécdotas personales descontextualizadas, invenciones propias… que no tienen conexión con el filme, por lo que la comprensión se dificulta. Esta película también pertenece a la corriente surrealista y compartirá algunas de las características que antes hemos citado.

Para comenzar, nos parece pertinente presentar brevemente la historia que Buñuel nos plantea: Séverine es una mujer de la burguesía que está casada con Pierre, un médico apuesto. La pareja tiene una relación fría, con apenas contacto físico, ni siquiera duermen juntos. A esta situación se le intercalan escenas de violencia, violación y humillación de Séverine por parte de su esposo y de otros hombres, lo que nos hace dudar de qué situación es la real y cuál es ficción. Esta mujer de la burguesía, aburrida al igual que podía estarlo Emma Bovary, se comenzará a interesar por la vida de los burdeles y decidirá hacerse prostituta. Allí recibirá el nombre de ‘Belle de jour’ y el personaje sufrirá una enorme transformación dejando atrás toda su timidez y sus miedos y viéndose inmersa en este mundo de hombres donde el personaje femenino se reduce a un simple objeto. Sin embargo, esto afectará positivamente a su relación con Pierre, ya que se mostrará más desenvuelta y segura frente a él. La historia termina cuando Pierre es disparado por uno de los amantes del burdel y quedará en silla de ruedas. No obstante, al final de la película cuando le hacen saber la doble vida que llevaba su mujer, será capaz de levantarse de la silla y esas pesadillas que no se sabían si eran realidad o ficción volverán a aparecer.

Tras esta breve presentación del argumento de la obra, trataremos a continuación de realizar un análisis más completo de la misma. Para ello, vamos a basarnos principalmente en el eje temático del sometimiento y en la idea de la mujer-objeto y de jerarquía, especialmente la jerarquía que se produce entre hombres y mujeres. En primer lugar, vamos a describir una posible estructura de la película y seguido de esto analizaremos los elementos pertinentes a la relación hombre – mujer.

Podríamos dividir la película principalmente en dos planos: por un lado tendríamos el plano onírico con el que comienza la historia. Este plano representa escenas violentas, desagradables a veces, otras veces incomprensibles… Por lo general, la escena se suele desarrollar en mitad del bosque, lo que le da una apariencia de inverosimilitud y nos hace pensar propiamente que se trata de un sueño. Es en este plano donde encontramos todos los elementos surrealistas que se desprenden de la mente de los personajes, de sus miedos y sus deseos más oscuros. Se representan escenas donde Séverine está siendo azotada, violada, burlada… Muchas veces es su marido el que lo hace, otras veces son otros hombres. En su mayoría son escenas eróticas y/o de violencia. A veces también se presentan a modo de recuerdo en el que aparece una niña pequeña que podría ser la protagonista; en uno de estos recuerdos, por ejemplo, hay un hombre adulto que empieza a tocar a la niña. Este mundo onírico son los miedos más ocultos de Séverine que afectan su vida diaria, pero de otra manera también podrían representar los deseos más bajos del hombre: la posesión y el control de la mujer.

Por otro lado, encontramos el plano de la vida real, es decir, la relación entre Séverine y Pierre, las quedadas con sus amigos, la vida en casa, el trabajo… Sin embargo, este plano se va a subdividir en dos cuando la protagonista empiece a interesarse por la vida del prostíbulo. Una vez que la chica decide hacerse prostituta, este plano se dividirá en la vida ‘normal’ y en la vida de Belle de jour. La protagonista llevará una doble vida y tratará de que estas dos caras de la misma moneda no se mezclen. Por tanto, en un principio, estos tres planos que hemos citado van a ir intercalándose de manera separada. El plano onírico será fácil de diferenciar del resto porque la situación cambiará de manera brusca (tanto el lugar donde suceden las acciones como estas mismas) y por la inverosimilitud de lo que ocurre. Podemos decir que, al principio de la película, no se da una jerarquía entre los tres planos, sino que aparecen los tres por igual y van alternándose. Sin embargo, esta idea de jerarquía sí está presente en el interior de cada plano desde el principio. Vamos a analizar cada uno de los planos para entender esta idea:

¿Cómo apreciamos la idea de jerarquía en los distintos planos? En el plano del sueño esto es bien evidente. La jerarquía se produce entre el hombre y la mujer y se hace de manera directa. El sometimiento que el hombre hace de la mujer no es sutil, ni sugerido, sino que se hace a través de la violencia. El ejemplo más claro es la escena con la que comienza la película. Primeramente, se plantea una relación de dependencia entre él y ella ya que la joven le dirá que solo lo tiene a él. No tiene a nadie más en el mundo, lo necesita. Después, todo irá a más cuando Pierre se enfade con ella porque no le hace caso y mande arrastrarla, azotarla y violarla. Lo más curioso de esta escena, es que la mujer mientras la azotan parece estar disfrutando: el hombre en su subconsciente piensa que está obrando bien porque si somete a la mujer es porque ella lo desea. Además de esta primera escena, encontramos otras bastante similares como una en la que le lanzan barro y la insultan mientras ella está atada a un árbol, otra la que los dos hombres se baten a duelo por la mujer pero el disparo le da a ella y el hombre va corriendo a besarla pero ella no responde a los besos, etc. Otras escenas muestran esta jerarquía desde el punto de vista del recuerdo: vemos a una niña pequeña siendo acariciada por un hombre mayor, por ejemplo.

La jerarquía entre los dos sexos se aprecia también al mostrar a la mujer como un simple objeto. Esta aparece bien vestida, en varias ocasiones con un vestido rojo (rojo, color de la pasión, del deseo…). Es una mujer fría, distante, inexpresiva. La mujer no tiene opinión propia, solo tiene que seguir las órdenes que le dé el hombre. Se la muestra atada o con la boca tapada y pueden hacer lo que quieran con ella. Es solo un cuerpo del que pueden disfrutar y al que pueden humillar. Esto es algo subrayado en muchas otras obras, como por ejemplo en la obra teatral de Marivaux La colonie. En esta pieza, las mujeres en un intento de acceder al poder político, deciden castigar a los hombres y como saben que ellos las ven como simples objetos su plan consistirá en afearse para que ellos no sientan deseo sexual por ellas.

“O bien es a saber pronunciarnos sobre perifollos, a alegrarles en sus reuniones elegantes, es inspirarles pasiones agradables, es a reinar en la bagatela, es a no ser nosotras mismas, sino la primera de todas las bataleas; ésas son todas las funciones que nos dejan en este mundo; a nosotras, que los hemos educado, que les hemos enseñado buenas costumbres, que hemos corregido la ferocidad de su alma; a nosotras, sin quienes la tierra no sería más que una morada de salvajes que no merecerían el nombre de hombres”.

La colonia, Marivaux. Edición 2016, Cátedra. Página 282

Algo parecido se demuestra en la obra Lisístrata de Aristófanes, en la cual el autor francés se inspira, solo que en esta, el plan es no tener relaciones sexuales con los hombres para así obtener lo que ellas quieren: el fin de la guerra. El sexo se vuelve en todas estas obras una fuerza de dominio que trata de girar a la inversa de lo acostumbrado: en este caso son las mujeres la que intentan usarlo como medio de control.

Otra de las temáticas que aquí aparece es la culpa. En una de las escenas se ve a un cura repartiendo a los niños la hostia sagrada, pero una de las niñas cierra la boca y no quiere comérsela. En el catolicismo, la hostia representa el cuerpo de Cristo, y solo pueden tomarla aquellos que estén libres de pecado, por tanto, antes de comulgar debes confesarte. La pequeña, que representa a Séverine de niña, no quiere comérsela porque siente que tiene algún pecado, se siente culpable. Toda esta culpabilidad se asociaría a las otras escenas antes mostradas donde la mujer ha sido violada, donde la niña ha sido tocada por el hombre adulto… La mujer, pese a no tener la culpa de estas acciones pues es el hombre el que la ha sometido, se siente culpable y responsable de lo que le ha ocurrido y a menudo es incluso la propia sociedad la que la culpa cuando suceden situaciones así. También a través de la literatura vemos como este sentimiento de culpa de la mujer se repite en diversas ocasiones, un buen ejemplo es la novela de Tolstoi Ana Karenina, donde los remordimientos y el rechazo de la sociedad por haber cometido adulterio lleva a la protagonista al suicidio; sin embargo, para el hombre el adulterio no existía, era completamente aceptado. Esta idea se repite también en la obra teatral que antes citábamos, La colonie, donde las dos protagonistas discutirán acerca de esta idea. Mientras que la protagonista aristócrata cree que el hombre debe ser castigado al igual que la mujer, la protagonista de clase baja considera que no hay que castigarlo, pues su castigo real es la debilidad del hombre al no poder controlar sus apetencias. La culpa y el castigo a la mujer están presentes en estos tres ejemplos.

Recapitulamos: en el plano onírico se produce una jerarquía del hombre sobre la mujer ya que él la somete de manera directa a través de la violencia y tratándola como si fuera un objeto y a esto se suma el hecho de que la mujer es la que se siente culpable por todo lo que le ocurre.

La jerarquía por sexos también la encontramos en los otros dos planos. En la vida ‘normal’ esta jerarquía se presenta de manera más sutil que en el plano onírico. En primer lugar, para que se pueda dar una jerarquía debe darse una separación, en este caso la separación por sexos. Esta se escenifica a través de la separación de la pareja en dos camas diferentes. Además, también se da en otros ámbitos de su vida diaria al no mezclarse nunca sus dos mundos, por ejemplo: ella no va nunca al hospital donde trabaja y uno de los días que se encuentran él le dice que no pueden comer juntos. Existe una división del mundo masculino, donde la mujer no tiene cabida, y del mundo femenino. A veces, cuando él quiere dormir con ella, Séverine no querrá y siempre mantendrán las distancias. Sin embargo, existe la idea latente de que él es el que trabaja, el que mantiene el hogar y por tanto, ella tendrá algún día que cumplir, tiene esa “obligación”. También parece ser que la única tarea de ella es tener hijos ya que en un momento Pierre le dirá “ojalá tengas un hijo, es lo que más quiero de ti”. Él también percibe este sometimiento latente, pues en una ocasión le dirá que siente como si estuviera imponiéndole algo. Aunque el sometimiento no se dé aquí de manera tan directa, se entiende como algo con lo que la mujer tiene que cumplir porque el marido la está manteniendo, el marido tiene el poder.

¿Por qué se da este sometimiento de la mujer, esta objetualización de ella? Para responder a esta pregunta, vamos a acercarnos a la teoría de Jane Bennett. Esta autora plantea una teoría poshumanista en la que expone que todo está compuesto por la misma sustancia y que, por tanto, cada elemento que compone la realidad, tiene fuerza propia: ya sean los objetos, los animales o las personas. Las cosas no son pasivas, sino que son agentes, fuentes de acción «tienen eficacia, pueden hacer cosas, tienen coherencia para marcar una diferencia, producen efectos, alteran el curso de los eventos… » (Jane Bennett 2009: 9) Al plantear una igualdad entre todos los elementos, las jerarquías no tienen cabida. Esta teoría tiene como uno de sus fines disipar los binarios clásicos, las dicotomías (vida/materia, humano/animal, orgánico/inorgánico…) y por consiguiente también masculino/femenino. No entender la materia como algo activo hace pervivir estas dicotomías y nos lleva a la instrumentalización y conquista. « My hunch is that the image of dead or thoroughly instrumentalized matter feeds human hubris and our earthdestroying fantasies of conquest and consumption ». (Jane Bennett 2009: 9)

Lo interesante de acercarnos a esta teoría es comprobar que, de hecho, esto es lo que ocurre: al considerar que hay sujetos que tienen más poder sobre otros, o más poder sobre los objetos o animales, nos lleva también a que se dé la jerarquía sexual. En el plano de la vida ‘normal’ somos testigos de otros tipos de jerarquía. Para ello, señalaré una escena que llama especialmente la atención: Séverine llega a casa algo distraída, es cuando empieza a interesarse por todo este mundo de la prostitución. En la mesa le han dejado unas flores rojas. Ella se enfada con la criada por haberlas puesto en esa mesa y coge el jarrón para cambiarlo de sitio pero se le cae y se quiebra. La criada le dice que no se preocupe, que eso se limpia sin problema. Ella se va al baño y allí se le cae otro frasco. Estos dos objetos rotos le hacen darse cuenta de que algo le está pasando. Se da entonces una escala de valores: los objetos rotos no tienen ninguna importancia, ningún valor. Las flores no le producen nada, no cobran ningún significado, solo le importa que no estén ahí estorbando. A la criada tampoco le importan las flores, lo único que quiere es que todo quede bien limpio para tener contenta a su señora. El objeto es insignificante. En esta escala le sucede la criada, quien tampoco cobra importancia para nadie. Séverine le habla sin respeto, solo le da órdenes. Los criados no son vistos como personas, sino como simples trabajadores. Por último en la escala de valores encontramos a Séverine. La escena se centra en ella y el resto de elementos se vuelven circunstanciales. Lo que en realidad importa es lo que a ella le ocurre y si le ha hablado mal a la criada o se han roto el perfume y el jarrón es porque a ella le está pasando algo. El foco de la escena recae únicamente sobre la protagonista. Como nos hace ver Mónica Cano a través de la lectura de Hasana Sharp en su artículo Nuevos materialismos: hacia feminismos no dualistas, lo que aquí ocurre es una jerarquía donde el elemento material es el que cobra menos importancia: “De esta manera, se denosta lo natural, lo material, por no ser racional, y se le relega a una situación de subordinación con respecto a lo racional”.

Este es un ejemplo de cómo todo acaba objetualizándose según la materia de la que están compuestas las cosas, según su utilidad, según la clase social y, por último, según el sexo. En esta escalera de poder, el hombre se encontraría en la cúspide y todo lo que está a sus pies se convierte en un objeto para él. Por esta razón, la mujer aparece vista en la película como un objeto. Los feminismos, repelidos por esta idea de la mujer-objeto, se han apoyado en diversas teorías post-estructuralistas como los Nuevos Materialismos, que al concebir todos los elementos de la naturaleza al mismo nivel, rompe con toda idea de jerarquización y de dualismo, y por tanto la idea de la mujer-objeto sometida al hombre quedaría enteramente desterrada. Esta idea es precisamente en la que ahonda Mónica Cano:

“En los últimos años, están apareciendo ciertos feminismos antihumanistas que parten de un materialismo monista spinoziano que resitúa al ser humano en el continuo de la naturaleza. Al realizar este ejercicio que nos invita a tener una mirada holística sobre nuestra relación con la naturaleza, se erosionan las visiones de supremacía humana que nos desconectan con el resto de seres vivos, humanos y no humanos”.

Artículo: Nuevos Materialismos: hacia feminismos no dualistas. Mónica Cano Abadía

Esta autora afirmará que “violencias, jerarquías, humillaciones de otros seres humanos, vulneraciones de derechos son resultado de la asunción humana de su triunfo sobre lo meramente natural”. Por tanto, el mundo de Belle de jour al seguir el modelo humanista no materialista y considerar lo humano y racional como superior se concibe como un lugar en el que la humillación constante de Séverine, la violencia que se ejerce sobre ella y la jerarquización entre ricos y pobres, y en especial entre hombres y mujeres son hechos normalizados.

Por último, hablaremos de cómo se muestra la jerarquía en el mundo de Belle de jour, en su vida secreta. La vida del prostíbulo se presenta a nuestros ojos como una materialización del mundo onírico. En el prostíbulo es el hombre el que manda y la mujer tiene que hacer todo lo que él le pida, porque el hombre no solo se sitúa por encima por su sexo, sino también por su dinero, lo que le otorga poder. En este caso, el sometimiento se da también de manera directa.

La mujer prostituta es un objeto. Lo más importante al comenzar esta tarea es mostrarse bella, cuidar el aspecto físico, de hecho, lo primero que destacarán de Séverine es que es “gentil y fresca”, por lo que podría servir para este trabajo. La segunda regla es hacer todo lo que les ordenen. A partir de este momento, se verán escenas en la que el hombre dominará a la mujer. La primera escena que vemos es a uno de los clientes con las dos chicas hablando sobre otras prostitutas, agarrando el culo de las mujeres… cuando la protagonista entra en la habitación él la buscará y le bajará la camisa. Lógicamente, Séverine responderá a esto en un principio con rechazo, pero ahí la van a enseñar a cómo convertirse en una mujer sumisa.

De nuevo aparece aquí la culpa. El cliente va a desnudar a Séverine y va a intentar penetrarla, pero ella se va a resistir, a lo que él responderá diciéndole: “¿comienzas a excitarme y después te vas?” La mujer aparece entonces responsable de la excitación del hombre en el sentido en que tiene que satisfacer ese deseo que ella ha despertado, es su obligación. Entonces, él la golpeará y se pondrá encima de ella. El sometimiento se vuelve a llevar a cabo a través del sentimiento de culpabilidad y la violencia.

En todos los clientes que van llegando al prostíbulo se siente este sometimiento y la idea de jerarquía. Los hombres tendrán fantasías sexuales (a veces algo extrañas) que la mujer tiene que cumplir. Esta el caso del profesor, por ejemplo, que querrá fingir ser un criado al que deben azotar, le excitará ponerse en el lugar de la víctima; habrá un japonés que toque una campanita durante el acto sexual y que tiene una caja que no sabemos qué esconde, y por último aparecerá Marcel, que no querrá tener sexo con ella por el simple hecho de que tiene una marca de nacimiento y que le gustan las mujeres cuando callan, “porque están como ausentes”, diría el poeta tratando de arreglarlo. Al final cederá y saldrá a la luz un hombre posesivo que se obsesionará con Belle de jour hasta descubrir su verdadera identidad. Buñuel no solo nos muestra las relaciones de poder y sometimiento entre hombre y mujer, sino también los deseos más depravados de estos hombres.

También nos resulta interesante acercarnos a la figura de la hija de la criada. Es una niña que está estudiando y saca buenas notas, sin embargo ya desde tan pequeña su figura se empieza a sexualizar. El japonés por ejemplo se acercará a ella y la acariciará y el cliente español preguntará si a la niña se le puede ya besar o no. Desde tan pequeña la mujer es vista como un objeto sexual.

En este tercer plano el sometimiento también se da de manera directa, la diferencia con el plano onírico podría ser que la mujer no opone resistencia, no está atada, sino que es ella la que acepta esta sumisión porque necesita dinero. Al considerar que Séverine proviene de la clase burguesa y sí tiene dinero nos hace llegar al quid de la cuestión: ¿por qué se hace prostituta?

El plano de los sueños representa los miedos y los deseos. Para la joven, estas pesadillas que tiene son incomprensibles. Es un mundo que no comprende y no entiende por qué ha de suceder así. No entiende por qué el hombre trata de esta manera a la mujer desde que es pequeña y no entiende su sentimiento de culpabilidad, por lo que le es imposible someterse del mismo modo en la vida real. Le dice varias veces a su marido que le gustaría besarlo y le gustaría dejarlo dormir junto a ella, pero le es imposible realizarlo y tiene miedo de su marido. Al hacerse prostituta, Séverine irrumpe en este mundo de la masculinidad para intentar comprenderlo y ella misma acude a su sometimiento. El hacerse prostituta le enseña a cumplir con su marido como toda esposa debe hacerlo. Como dijimos, Belle de jour es la materialización de todas estas pesadillas que se intercalan con la vida real. Si se hace prostituta es para entender el mundo de los hombres y ser capaz de entregarse a su marido. ¿Qué nos hace pensar esto? Principalmente una de las conversaciones que tienen: Séverine después de varias citas en la Casa de Anaïs, se siente más cómoda con su marido y es capaz de acostarse con él; es entonces cuando él le dice que siente como si la sometiera, pero ella responde que ya no le tiene miedo, de hecho está teniendo la impresión de conocerlo mejor. Ella cree conocer más a los hombres y cree saber cómo ha de complacerlos. Otra escena que corrobora nuestra teoría es cuando comienza a hacerle preguntas al marido sobre cómo son esas casas, y él las describe y culmina con la frase latina semen retentum venenum est, la razón de la existencia del burdel.

Antes afirmábamos que entre los tres planos existentes había una igualdad pues se iban alternando, pero lo cierto es que a medida que la historia avanza esta igualdad desaparecerá. Belle de jour irá apoderándose de la anonadada Séverine y cada vez se hará más presente su figura no solo en la trama del filme, sino también en la vida de la protagonista, ya que la personalidad del personaje se transformará de manera radical. El plano del prostíbulo irá por tanto comiéndole terreno al de la vida ‘normal’. Por ejemplo, cuando Séverine se encuentra en un bar con un hombre que le ofrecerá dinero a cambio de fingir un funeral ella no estaba trabajando en ese momento, sin embargo accederá a realizar esta tarea. También percibimos esto cuando la pareja se va de viaje pero ella no quiere estar fuera de París, quiere mantener su trabajo. Pero sobre todo, como ya dijimos, por la transformación del personaje: de ser una mujer fría y temerosa, gana confianza en sí misma y es ella la que entra en la cama del marido.

A medida que Belle de jour va ganando protagonismo, el plano onírico también va a comenzar a irrumpir en el de la realidad, y lo que parecía la vida normal, se va a llenar de momentos surrealistas en los que no sabemos ya si es realidad o si es todavía parte del sueño. El mejor ejemplo es aquel en el que están en un restaurante sus dos amigos y la pareja y ella y el amigo se meten debajo de la mesa con una botella quebrada. No se sabe exactamente qué hacen debajo de la mesa pero los otros personajes dicen que están leyendo una carta, mientras tanto, la mesa no para de moverse. Otros elementos surrealistas que irrumpen en la realidad serían por ejemplo la cajita del japonés que nadie sabe lo que contiene o las distintas fantasías sexuales que intentan llevar a cabo.

La problemática se da cuando su vida normal irrumpe de repente en su vida de prostituta. Ella quería mantener la división de estos dos mundos, de hecho, por eso recibe el nombre de Belle de jour: no quiere ir a trabajar más tarde de las cinco porque a esa hora regresa su marido y tendría que darle explicaciones, entonces solo va al burdel de día. Como a las prostitutas en Francia se les dice belle de nuit, Anaïs hará un juego de palabras y le pondrá este nombre. La división de los dos mundos, sin embargo, se hace imposible cuando su amigo la descubre en el burdel. El temor de que el amigo cuente esto a su marido es tal que decide abandonar el trabajo, sin embargo ya es demasiado tarde porque Marcel, su último amante, se ha obsesionado hasta tal punto con ella que no dejará que se vaya. La barrera que separaba una vida de la otra se termina de romper con la visita inesperada de Marcel a su casa. Él quiere pasar más tiempo con Séverine pero ella no puede seguir con esa relación, Marcel que considera que el único obstáculo es el marido decide contarle lo que está ocurriendo. Ella lo manda fuera de la casa y al salir de la casa se encuentra con el marido y le dispara. La irrupción del mundo de Belle de jour llega con el disparo a su culmen. La existencia de estos tres planos se colapsan y al final solo queda este primer plano real: el de la vida burguesa, normal y sencilla.

Tras el disparo, el marido queda inválido y Séverine dirá que desde que está enfermo no ha vuelto a tener pesadillas. Por tanto, como decíamos, el plano de lo surrealista desaparece por un momento, y por supuesto, la vida como prostituta también finalizará. El marido deja de ser una amenaza, deja de producirle miedo. Ella ya no siente que tenga que cumplir sexualmente con su marido ya que está enfermo. Al no sentir esta necesidad, la culpa y las pesadillas desaparecen. Ya no tiene que entender este “mundo de hombres”, porque su marido ya no pertenece a él. La actitud de Séverine en esta escena es mucho más relajada: ya no es la mujer temerosa, asustada y fría del principio; ahora se expresa con total libertad con su marido y está tranquila. No obstante, esta aparente calma se derruirá al final de la película.

En el último momento, el amigo de la pareja vuelve a aparecer y cree que es necesario que el marido sepa todo lo que ha ocurrido, quién le disparó y quién era su mujer, por lo que le contará todo. Una vez hecho esto, vemos como Pierre comienza a despertar, a levantarse de la silla lentamente y hacer como si nada hubiera pasado. Este momento más que alegrar por su recuperación, produce extrañeza por lo surrealista de la situación y produce también miedo, ya que el hombre se nos aparece como un peligro y la calma desaparece. Justo después de levantarse, se comienzan a escuchar unos caballos y una campana. Es el mundo de los sueños que se adentra de nuevo, lentamente, en el mundo de la realidad. Séverine se asoma a la ventana y ve un carruaje y el mismo bosque que se muestran en la primera escena de la película en la que ella es azotada. Las pesadillas han vuelto al levantarse su marido. La película sigue por tanto una estructura circular ya que comienza y termina con la misma escena: el coche de caballos que se adentra lentamente en el bosque, el ruido de las campanas, el sonido de los cascos.

Vemos entonces cómo los planos no se presentaban de manera igualitaria, sino que el mundo onírico se mezcla en numerosas ocasiones con el mundo de lo real y crea esta sensación de extrañeza, desorienta al espectador, confunde… De otro modo, los dos planos de la vida real (Séverine y Belle de jour) tampoco aparecen separados por completo, ya que la vida de Belle va a influir en gran medida a la vida de Séverine y también porque al final habrá una irrupción directa de un mundo en otro y con el intento de destruir la vida de Séverine, se acabará destruyendo precisamente la vida del prostíbulo, ya que si este mundo existía era precisamente para entender al otro, para entender a su marido en tanto que ‘hombre’.

Belle de jour nos expone de manera cruda el sometimiento que ha sufrido siempre la mujer frente a la voluntad del hombre. Nos muestra la historia de una mujer que cree que tiene que cumplir con el deseo sexual de su marido, ya que el deseo es entendido como una necesidad. Sin embargo, ella se siente incapaz de satisfacerlo porque siente miedo y rechazo. Para ser capaz de entregarse a su marido, se hará prostituta, pues es el único modo de aprender a someterse y además, como dirá Anaïs, lo mejor es que lo haga intentando pasárselo bien. Este sería el verdadero resumen de la película. Rescatamos algunas de las ideas principales que se reflejan:

- El sexo es para el hombre como una necesidad y la mujer tiene la obligación de satisfacerlo. Por ello, Séverine se siente mal por no estar cumpliendo su tarea y por ello también existen los prostíbulos.

- La mujer es un objeto sexual. Las mujeres son sexualizadas desde pequeñas. No opinan, las prefieren calladas. Tienen que cuidar con mucha dedicación su aspecto físico. Su principal tarea, como nos hace ver Pierre, es tener hijos.

- La culpabilidad recae sobre la mujer. Séverine se siente culpable por no cumplir con su marido, se siente culpable por su pasado y se siente culpable por estar engañando a su marido siendo Belle de jour. La culpa se representa de manera directa cuando Séverine dice al final “algún día tendré que pagar por esto” pero también con la repetición de pesadillas, que simbolizan esta preocupación.

- El hombre tiene el poder. Él tiene el dinero y puede hacer lo que quiera. Puede golpear, besar, violar, ordenar… Existe una jerarquía evidente donde el hombre está en el primer escalafón, principalmente el hombre blanco y burgués.

Buñuel nos muestra de manera muy explícita esta sociedad donde el hombre ejerce su control y sometimiento y la mujer queda reducida a nada. Si bien la violencia parece reducirse al presentarla dentro de esta atmósfera onírica donde las violaciones no son reales, este no es más que un método para conseguir que el público las vea sin escandalizarse, pero hemos de tener en cuenta que no es un sueño sino que esto sucede en la realidad; el plano de las pesadillas también irrumpe en el plano de nuestra vida normal como ocurre en esta película.

BIBLIOGRAFÍA

BENNET, JANE Vibrant Matter : a political ecology of things (Preface y The force of things) (2009)

BUÑUEL, LUIS. Belle de jour (1967)

DE MARIVAUX, PIERRE (1750) La colonie. Edición 2016 Cátedra.

CANO ABADÍA, MÓNICA. Nuevos Materialismos: hacia feminismos no dualistas. (2015)

 

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